CONCLUSION Y EXHORTACION
22. Este Sagrado Concilio, aun teniendo presente los gozos de la vida sacerdotal, no puede olvidar las dificultades en que se ven los presbíteros en las actuales circunstancias de la vida de hoy. Sabe también cuánto se transforman las condiciones económicas y sociales e incluso las costumbres humanas, y cuánto se muda el orden de valores en el aprecio de los hombres; por lo cual los ministros de la Iglesia, e incluso muchas veces los fieles cristianos, se sienten en este mundo como ajenos a él, buscando angustiosamente los medios idóneos y las palabras para poder comunicar con él. Porque los nuevos impedimentos que obstaculizan la fe, la aparente esterilidad del trabajo realizado, y la acerba soledad que sienten pueden ponerles en peligro de que decaigan sus ánimos.
Pero Dios amó de tal forma al mundo, cual hoy se confía al amor y al ministerio de los presbíteros de la Iglesia, que dio por él a su Hijo Unigénito [155] . En efecto, este mundo, dominado, es cierto, por muchos pecados, pero dotado también de no pequeñas facultades, ofrece a la Iglesia piedras vivas [156] , que se estructuran para morada de Dios en el Espíritu [157] . El mismo Espíritu Santo, mientras impulsa a la Iglesia a abrir nuevos caminos para llegar al mundo de este tiempo, sugiere también y alienta las convenientes acomodaciones del ministerio sacerdotal.
Recuerden los presbíteros que nunca están solos en su trabajo, sino sostenidos por la virtud todopoderosa de Dios: y creyendo en Cristo, que los llamó a participar de su sacerdocio, entréguense con toda confianza a su ministerio, sabedores de que Dios es poderoso para aumentar en ellos la caridad [158] . Recuerden también que tienen como cooperadores a sus hermanos en el sacerdocio, más aún, a todos los fieles del mundo. Porque todos los presbíteros cooperan en la consecución del plan salutífero de Dios, es decir, en el misterio de Cristo o sacramento oculto desde hace siglos en Dios [159] , que no se lleva a efecto más que poco a poco, esforzándose de consuno todos los ministerios para la edificación del Cuerpo de Cristo , hasta que se complete la medida de su tiempo. Estando todo escondido con Cristo en Dios [160] , puede percibirse, sobre todo, por la fe. Y es necesario que los guías del pueblo de Dios caminen por la fe, siguiendo el ejemplo de Abraham el fiel, que por la fe "obedeció y salió hacia la tierra que había de recibir en herencia, pero sin saber adónde iba" ( Hb., 11, 8). En efecto, el dispensador de los misterios de Dios puede compararse al hombre que siembre en un campo, del que dijo el Señor: "Y ya duerma, ya vele, de noche y de día, la semilla germina y crece, sin que él sepa cómo" ( Mc., 4, 27).
Por lo demás, el Señor Jesús, que dijo: "Confiad, yo he vencido al mundo" ( Jn., 16, 33), no prometió a su Iglesia con estas palabras una victoria completa en este mundo. Pero se goza el Sagrado Concilio porque la tierra, repleta de la semilla del Evangelio, fructifica ahora en muchos lugares bajo la guía del Espíritu del Señor, que llena el orbe de la tierra, y que excitó en los corazones de muchos sacerdotes y fieles el espíritu verdaderamente misional. De todo ello el Sagrado Concilio da amantísimamente las gracias a todos los presbíteros del mundo: "Y al que es poderoso para hacer que copiosamente abundemos más de lo que pedimos o pensamos, en virtud del poder que actúa en nosotros, a El sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús" ( Ef., 3, 20-21).
Todas y cada una de las cosas de este Decreto fueron del agrado de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, con la Apostólica autoridad conferida por Cristo, juntamente con los Venerables Padres, en el Espíritu Santo, las aprobamos, decretamos y establecemos y mandamos que, decretadas sinodalmente, sean promulgadas para gloria de Dios.
Roma, en San Pedro, día 7 de diciembre de 1965.
Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia Católica
Siguen las firmas de los Padres
[1] Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia , AAS 56 (1964), p. 97 ss.; Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia: AAS 57 (1965), p. 5 ss.; Decr. Christus Dominus, sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia, del 28 de octubre de 1965; Decr. Optatum totius, sobre la formación sacerdotal, del 28 de octubre de 1965.
[2] Cf. Mt., 3, 16; Lc., 4, 18; Act., 4, 27; 10, 38.
[3] Cf. 1 Pedr., 2, 5 y 9.
[4] Cf. 1 Pedr., 3, 15.
[5] Cf. Apoc., 19, 10; Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, n. 35: AAS 57 (1965), pp. 40-41.
[6] Conc. Trident. Sess. 23, cap. 1 y can. 1: Denz., 957, 7, 961 (1764 y 1771).
[7] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 18: AAS 57 91965), pp. 14-15.
[8] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 28: AAS 57 (1965), pp. 33-36.
[9] Cf. Ibídem.
[10] Cf. Pontif. Romanum, "De la ordenación del presbítero", prefacio. Estas palabras se encuentran ya en el Sacramentario Veronensi, ed. L. C. Mohlberg, Roma, 1957, p. 9; también en el Libro Sacramentorum Romanae Ecclesiae, ed. L. C. Mohlberg, Roma, 1960, p. 25; en el Missale Francorum, ed. L. C. Mohlberg, Roma, 1957, p. 9; en el Pontif. Romano Germánico, ed. Vogel-Elze, Citta del Vaticano, 1963, vol. I, p. 34.
[11] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 10: AAS 57 (1965), pp. 14-15.
[12] Cf. Rom., 15, 16 gr.
[13] Cf. 1 Cor., 11, 26.
[14] S. Augustinus, De civitate Dei , 10, 6: PL 41, 284.
[15] Cf. 1 Cor., 15, 24.
[16] Cf. Hebr., 5, 1.
[17] Cf. Hebr., 2, 17, 4, 15.
[18] Cf. 1 Cor., 9, 19-23 Vg.
[19] Cf. Act., 13, 2.
[20] Cf. Pablo VI, Encicl. Ecclesiam Suam, del 6 de agosto de 1964: AAS 56 (1964), pp. 627 y 638: "Este estudio de perfeccionamiento espiritual y moral se ve estimulado aun exteriormente por las condiciones en que la Iglesia desarrolla su vida. No puede permanecer inmóvil e indiferente ante los cambios del mundo que le rodea. Estos cambios influyen de mil maneras en ella, y le imponen su marcha y sus condiciones. Es evidente que la Iglesia no está separada del mundo, sino que vive en él. Por eso los miembros de la Iglesia reciben su influjo, respiran su cultura, aceptan sus leyes, adoptan sus costumbres. Este contacto inmanente de la Iglesia con la sociedad temporal le crea una continua situación problemática, hoy gravísima... He aquí cómo enseñaba S. Pablo a los cristianos de la primera generación: "No os juntéis bajo un mismo yugo con los infieles. ¿Qué consorcio hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Qué comunidad entre la luz y las tinieblas?..., ¿Qué participación tiene el fiel con el infiel?" ( 2 Cor., 6, 14-15). La pedagogía cristiana deberá recordar siempre al discípulo de nuestro tiempo esta su privilegiada condición y este consiguiente deber de vivir en el mundo, según el deseo mismo de Jesús que antes citamos con respecto a sus discípulos: "No pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo" ( Jn., 17, 15-16). La Iglesia hace suya esta oración.
Sin embargo, esta diferencia no es lo mismo que separación, ni manifiesta indiferencia, ni miedo, ni desprecio. Pues cuando la Iglesia se distingue de la humanidad está tan lejos de oponérsele que, incluso, está unida a ella.
[21] Cf. Rom. , 12, 2.
[22] Cf. Jn., 10, 14-16.
[23] Cf. S. Policarpo, Epist. ad Philippenses, VI, 1 (ed. F. X. Funk, Patres Apostolici, I, p. 303): "Sean los presbíteros inclinados a la conmiseración, misericordiosos para con todos, conduzcan a buen camino a los que yerran, visiten a todos los enfermos, no desprecien a las viudas, a los pupilos, ni a los pobres; por el contrario, preocúpense siempre del bien delante de Dios y de los hombres, absténgase de la ira, de la acepción de personas; vivan lejos de toda avaricia, no crean fácilmente lo que se dice contra otros, no sean demasiado severos cuando juzgan, sabiendo que todos somos deudores del pecado".
[24] Cf. 1 Pedr., 1, 23; Act., 6, 7; 12, 24; S. Agustín, In Ps., 44, 23: PL 36, 508: "Predicaron (los apóstoles) la palabra de la verdad y engendraron las iglesias".
[25] Cf. Mt., 2, 7; 1 Tim., 4, 11-13; 2 Tim., 4, 5; Tim. 1, 9.
[26] Cf. Mc., 16, 16.
[27] Cf. 2 Cor., 11, 7. Lo que se dice de los obispos puede aplicarse también a los presbíteros, por ser sus cooperadores. Cf. Statuta Ecclesiae Antiqua, c. 3: ed. Ch. Munier, París, 1960, p. 79: Decretum Gratiani, C. 6, D, 88: ed. Friedberg, 1, 307; Conc. Trident. Decr. De Reform. Sess. V, c. 2, n. 9: Conc. Oec. Decreta, ed. Herder, Roma, 1963, p. 645; Sess. XXIV, c. 4 (p. 739); Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 25: AAS 57 (1965), pp. 29-31.
[28] Cf. Constitutiones Apostolorum, II, 26, 7 (ed. F. X. Funk, Didascalia et Constitutiones Apostolorum, I, Paderborn, 1905, p. 105): "Sean (los presbíteros) maestros de la ciencia divina, puesto que el Señor nos envió con estas palabras: Id y enseñad, etc.". El Sacramentarium Leonianum y los demás sacramentarios hasta el Pontifical Romano, Prefacio en la ordenación del presbítero: "Con esta providencia, Señor, diste a los apóstoles de tu Hijo maestros de la fe como compañeros, y llenaron el mundo con predicaciones acertadas". Liber Ordinum Liturgiae Mozarabicae, Prefacio para la ordenación del presbítero: "Maestro de las muchedumbres y gobernante de los súbditos, mantenga en orden la fe católica y anuncie a todos la verdadera salvación" (Ed. M. Férotin, París, 1904, col. 55).
[29] Cf. Gál., 2, 5.
[30] Cf. 1 Pedr., 2, 12.
[31] Cf. Rito de la ordenación del presbítero en la Iglesia alejandrina de los jacobistas: "... Congrega tu pueblo a la palabra de la doctrina, como la madre que da calor a sus hijos". (H. Denzinger, Ritus Orientalium, tom. II, Würzburg, 1863, p. 14).
[32] Cf. Mt., 28, 19; Mc., 16, 16: Tertuliano, De baptismo, 16; S. Atanasio, Oratio 40 contra Arianos, 42: PG 26, 237; S. Jerónimo, In Matt., 28, 19: PL 26, 218 BC: "En primer lugar enseñan a todas las gentes, y una vez enseñadas las bañan con el agua. Porque no es posible que el cuerpo reciba el sacramento del bautismo, si antes no ha recibido el alma la verdad"; Santo Tomás de Aquino, In primam Decretalem: Nuestro Salvador, al enviar a sus discípulos a predicar, les mandó estas dos cosas: En primer lugar, que enseñaren la fe; en segundo, que dieran a los creyentes los sacramentos.
[33] Cf. Conc. Vatic. II, Const. dogm. De Sacra Liturgia, n. 35, 2: AAS 56 (1964), p. 109.
[34] Cf. Ibídem, nn. 33, 35, 48, 52; ib., pp. 108-109, 113, 114.
[35] Cf. Ibídem, n. 7, pp. 100-101; Pío XII, Encícl. Mystici Corporis, del 29 de junio de 1943: AAS 35 (1943), p. 230.
[36] San Ignacio Mártir, Smyrn., 8, 1-2: Ed. Funk, p. 282, 6-15; Constitutiones Apostolorum, VIII, 12, 3: Ed. F. X. Funk, p. 496; VIII, 2, p. 532.
[37] Cf. Conc. Vatic. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 28: AAS 57 (1965), pp. 33-36.
[38] "La Eucaristía es como la consumación de la vida espiritual y el fin de todos los Sacramentos" (Santo Tomás, Summa Theol., III, q. 73, a . 3 c.); cf. Summa Theol., III, q. 65, a . 3.
[39] Cf. Santo Tomás, Summa Theol., III, q. 66, a . 3, ad 1; y 79, a . 1, c, y a. 1.
[40] Cf. Ef., 5, 19, 20.
[41] Cf. San Jerónimo, Epist. 114, 2: "... y los sagrados cálices y los santos paños, y lo demás que se refiere a la pasión del Señor..., por el contacto del cuerpo y de la sangre del Señor hay que venerarlos con el mismo respeto que su cuerpo y su sangre". (PL 934). Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Sacra Liturgia, nn. 122-127: AAS 56 (1964), pp. 130-132.
[42] Pablo VI, Encicl. Mysterium Fidei, del 3 de setiembre de 1965: AAS 57 (1965), p. 771: "Además, durante el día, los fieles no omitan el hacer la visita al Santísimo Sacramento, que debe estar reservado en un sitio dignísimo con el máximo honor en las iglesias, conforme a las leyes litúrgicas, puesto que la visita es prueba de gratitud, signo de amor y deber de adoración a Cristo nuestro Señor, allí presente".
[43] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 28: AAS 57 (1965), pp. 33-36.
[44] Cf. 2 Cor., 10, 8; 13, 10.
[45] Cf. Gal., 1, 10.
[46] Cf. 1 Cor., 4, 14.
[47] Cf. Didascalia, II, 34, 2-3; II, 46, 6; II, 47, 1; Constitutiones Apostolorum, II, 47, 1 (ed. F. X. Funk, Didascalia et Constitutiones, I, pp. 116, 142 y 143).
[48] Cf. Gal., 4, 3; 5, 1 y 13.
[49] Cf. S. Jerónimo, Epist., 58, 7: PL 22, 584: "¿Qué utilidad hay en que las paredes estén revestidas de piedras preciosas y que Cristo muera en la pobreza?".
[50] Cf. 1 Pedr., 4, 105.
[51] Cf. Mt., 25, 34-45.
[52] Cf. Lc., 4, 18.
[53] Pueden nombrarse otras categorías; por ejemplo, los emigrantes, los nómadas, etc. De ellos se trata en el decreto Christus Dominus, sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia; cf. Didascalia, II, 59, 1-3: "En tu enseñanza manda y exhorta que el pueblo se reúna en la iglesia y que nunca falten de ella, sino que vivan siempre y no aminoren la Iglesia cuando se retiran, ni le disminuyan los miembros del Cuerpo de Cristo... Siendo vosotros miembros de Cristo , no os disperséis de la iglesia, como hacéis cuando no os reunís; teniendo, pues, a Cristo presente y comunicando con vosotros como Cabeza, según lo prometió, no os despreciéis a vosotros mismos, ni alejéis a Cristo de sus miembros, ni rasguéis, ni desparraméis su cuerpo...".
[54] Cf. Pablo VI, Alloc. a los clérigos italianos que asistieron a la XIII Asamblea en Urbieto, sobre "la actualización pastoral", del 6 de setiembre de 1963: AAS 55 (1963), p. 750 s.
[55] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia: AAS 57 (1965), p. 35.
[56] Cf. la llamada Constitutionem Ecclesiasticam Apostolorum, XIII: "Los presbíteros son los participantes con los obispos de sus misterios y de sus luchas" (ed. Th. Schermann, Die allgemeine Kirchenordnung, I, Paderborn, 1914, p. 26); A. Harnack, T. u, U., II, 4, p. 13, n. 18 y 19); Pseudo Jerónimo, De septem ordinibus Ecclesiae: "... en la bendición son consortes de los misterios juntamente con los obispos" (ed. A. W. Kalff, Wüurzburg, 1937, p. 45); S. Isidoro de Sevilla, De Ecclesiasticis Officiis, c. VII: PL 83, 787: "Presiden, pues, la Iglesia de Cristo , y en la consagración del Cuerpo y de la Sangre son consortes con los obispos, e igualmente lo son en el adoctrinar a los pueblos y en la función de predicar".
[57] Cf. Didascalia, II, 28, 4 (ed. F. X. Funk, p. 108); Constitutione Apostolorum, II, 28, 4; II, 32, s. (ibid., pp. 109 y 117).
[58] Constitutiones Apostolorum, VIII, 16, 4 (ed. Funk, I, p. 522, 13); cf. Epitome Const. Apostol., VI (ibidem, II, p. 80, 3-4); Testamentum Domini: "... dale el Espíritu de la gracia, del consejo, de la magnanimidad, del presbiterado... para colaborar en la obra de regir a tu pueblo en el temor, en la pureza de corazón" (trad. al lat. por I. E. Rahmani, Moguncia, 1899, p. 69). También en Trad. Apost. (ed. B. Botte, La Tradition Apostolique , Münster i. W., 1963, p. 20).
[59] Cf. Num., II, 16-25.
[60] Pontificale Romanum, "De la ordenación del presbítero", prefacio; palabras que se encuentran ya en el Sacramentario Leoniano, Sacramentario Gregoriano. Y palabras semejantes en las liturgias orientales; cf. Trad. Apost.: "... dirige tu mirada hacia este tu siervo y concédele el Espíritu de la gracia y del consejo para que ayude a los presbíteros y gobierne tu pueblo santo con limpieza de corazón, como miraste a tu pueblo elegido y mandaste a Moisés que escogiera a los ancianos, a los que llenaste del espíritu que diste a tu siervo" (de la antigua versión latina Veronense, ed. B. Botte, La Tradition Apostolique de S. Hippolyte. Essai de reconstruction, Münster i. W., 1963, p. 20); Const. Apostol., VIII, 16, 4 (ed. Funk, I, p. 522, 16-17); Epitome Const. Apostol., 6 (ed. Funk, II, 20, 5-8); Testamentum Domini (trad. latina de I. E. Rahmani, Moguncia, 1899, p. 69); Euchologium Serapionis, XXVII (ed. Funk, Didascalia et Constitutiones, II, p. 190, lín. 1-7); Ritus Ordinationis in ritu Maronitarum (trad. lat. de H. Denzinger, Ritus Orientalium, II, Würzburg, 1863, p. 161). Entre los padres pueden citarse: Teodoro Mops., In 1 Tim., 3, 8 (ed. S ete, II, pp. 119-121); Teodoretto, Quaestiones in Numeros, XVIII: PG 80, 372 b.
[61] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 28: AAS 57 (1965), p. 35.
[62] Cf. Juan XXIII, Encícl. Sacerdotii Nostri Primordia, del 1 de agosto de 1959: AAS 57 (1959), p. 576; S. Pío X, Exhortación al Clero Haerent animo, del 4 de agosto de 1908; S. Pío X, Acta, vol. IV (1908), p. 237 ss.
[63] Cf. Conc. Vat. II, Decreto De pastorali Episcoporum munere in Ecclesia, nn. 15 y 16.
[64] En el derecho establecido ya existe el Cabildo Catedral como "senado y consejo del obispo", CIC, c. 391; en su defecto, el Cuerpo de consultores diocesanos (cf. CIC, cc. 423-428). Es de desear, sin embargo, que se revisen tales instituciones para adaptarlas mejor a las circunstancias y necesidades actuales. Como se ve, este Cuerpo de presbíteros es distinto del Consejo pastoral de que se trata en el decreto Christus Dominus, sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia, n. 27, integrado también por los seglares, y al que atañe tan sólo el proveer sobre las obras pastorales. Sobre los presbíteros, como consejeros de los obispos, pueden verse las Didascalia, II, 28, 4 (ed. Funk, I, p. 108); también Const. Apostol., II, 28, 4 (ed. Funk, I, p. 109); S. Ignacio Mártir, Magn., 6, 1 (ed. Funk, p. 234, 10-16); Trall., 3, 1 (ed. Funk, p. 244, 10-12); Orígenes, Adv. Cetsum, 3, 30: "Los presbíteros son consejeros "boúletai"": PG 11, 957 d- 960 a .
[65] S. Ignacio Mártir, Magn., 6, 1: "Os exhorto que procuréis hacerlo todo en la concordia de Dios, y los presbíteros, en lugar del senado apostólico, y mis diáconos queridos, a quienes se ha confiado el servicio de Jesucristo, que desde la eternidad estaba en el seno del Padre y se nos manifestó al fin" (ed. Funk, p. 234, 10-13); S. Ignacio Mártir, Trall., 3, 1: "De igual manera respeten todos a los diáconos como a Jesucristo, como al obispo, que es el representante del Padre, y a los presbíteros, como senado de Dios y consejo de los apóstoles: sin ellos no hay Iglesia" (ibíd., p. 244, 10-12); S. Ignacio Mártir, Magn., VI, 1; Philad., VIII, 1; San Jerónimo, In Isaiam, II, 3: PL 24, 61 A: "También nosotros tenemos en la Iglesia nuestro senado, el Cuerpo de presbíteros".
[66] Cf. Pablo VI, Allocutio, a los párrocos y cuaresmeros, en la Capilla Sixtina , el día 1 de marzo de 1965: AAS 57 (1965), p. 326.
[67] Cf. Const. Apostol., VIII, 47, 39: "Los presbíteros... no hagan nada sin el beneplácito del obispo, porque él es a quien ha sido confiado el pueblo de Dios y a quien se le pedirá cuenta de sus almas" (ed. Funk, p. 577).
[68] Cf. 2 Jn., 8.
[69] Cf. Jn., 17, 23.
[70] Cf. Hb., 13, 1-2.
[71] Cf. Hb., 13, 16.
[72] Cf. Mt., 5, 10.
[73] Cf. 1 Tes., 2, 12; Col. , 1, 13.
[74] Cf. Mt. 23, 8; Pablo VI, Encícl. Ecclesiam suam, del 6 de agosto de 1964: AAS 58 (1964), p. 647: "Hace falta hacerse hermano de los hombres en el momento mismo que queremos ser sus pastores, padres y maestros".
[75] Cf. Ef., 4, 7, 16; Const. Apostol., VII, 1, 20 (ed. Funk, I, p. 467): "No se haga valer el obispo sobre los diáconos o presbíteros, ni los presbíteros sobre el pueblo, porque el conjunto del gremio resulta de ambos elementos".
[76] Cf. Fil., 2, 21.
[77] Cf. 1 Jn., 4, 1.
[78] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 37: AAS 57 (1965), pp. 42-43.
[79] Cf. Ef., 4, 14.
[80] Cf. Conc. Vat. II, Decr. De Oecumenismo: AAS (1965, pp. 90 ss.)
[81] Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 37: AAS 57 (1965), pp. 42-43.
[82] Cf. Hb., 7, 3.
[83] Cf. Lc., 10, 1.
[84] Cf. 1 Pedr., 2, 25.
[85] Cf. Act., 20, 28.
[86] Cf. Mt., 9, 36.
[87] Pontificale Romanum, Ordenación del presbítero.
[88] Cf. Conc. Vat. II, Decr. De institutione Sacerdotali, n. 2.
[89] Cf. Pablo VI, Exhortatio, habida el 5 de mayo de 1965: L'Osservatore Romano, 6-V-65, p. 1: "La voz de Dios que llama se expresa de dos formas diversas, maravillosas y convergentes: una interior, la de la gracia, la del Espíritu Santo , la de la inefable atracción interior de la "voz silenciosa" y potente del Señor ejercida en las insondables profundidades del alma humana, y otra exterior, humana, sensible, social, jurídica, concreta, la del ministro cualificado de la palabra de Dios, la del apóstol, la de la jerarquía, instrumento indispensable instituido y querido por Cristo, como vehículo encargado de traducir en lenguaje experimental el mensaje del Verbo y del precepto divino. Así enseña con S. Pablo la doctrina católica: ¿Cómo oirán, si no hay quien les predique?... La fe viene por la predicación" ( Rom., 14 y 17).
[90] Cf. Conc. Vat. II, Decreto sobre la Formación sacerdotal, n. 2.
[91] Esto enseñan los padres cuando explican las palabras de Cristo a Pedro: "¿Me amas...? Apacienta mis ovejas" ( Jn., 21, 17); así S. Juan Crisóstomo, De Sacerdotio, II, 1-2; PG 47-48, 633; San Gregorio Magno, Reg. Past. Liber, P. I., c. 5: PL 77, 19 a .
[92] Cf. 2 Cor., 12, 9.
[93] Cf. Pío XI, Encícl. Ad catholici sacerdotii, del 20 de diciembre de 1935: AAS 28 (1936), p. 10.
[94] Cf. Jn., 10, 36.
[95] Cf. Lc., 24, 26.
[96] Cf. Ef., 4, 13.
[97] Cf. 2 Cor., 3, 8-9.
[98] Cf. entre otros documentos: S. Pío X, Exhort. al clero Haerent animo, del 4 de agosto de 1908: Acta Pii X, vol. IV (1908), p. 237 ss.; Pío XI, Encicl. Ad catholici sacerdotii, l. c., p. 5 ss.; Pío XII, Exhortación apostólica Menti nostrae, del 23 de setiembre de 1950: AAS 42 (1950), p. 657 ss.; Juan XXIII, Encícl. Sacerdotii nostri primordia, del 1 de agosto de 1959: AAS 51 (1959), p. 545 ss.
[99] Cf. Santo Tomás, Summa Theol., II-II, q. 188, a . 7.
[100] Cf. Hb., 3, 9-10.
[101] Cf. Act., 16, 14.
[102] Cf. 2 Cor., 4, 7.
[103] Cf. Ef., 3, 9.
[104] Cf. Pont. Rom. , "De Ordinatione Presbyteri".
[105] Cf. Missale Romanum, Oración sobre la oblata del domingo 9 después de Pentecostés.
[106] Cf. Pablo VI, Encícl. Mysterium Fidei, del 3 de setiembre de 1965: AAS 57 (1965), pp. 761-762: "Porque toda misa, aun la celebrada privadamente por un sacerdote, no es privada, sino acción de Cristo y de la Iglesia, la cual en el sacrificio que ofrece aprende a ofrecerse a sí misma como sacrificio universal, y aplica a la salvación del mundo entero la única e infinita eficacia redentora del sacrificio de la cruz. Pues cada misa que se celebra se ofrece, no sólo por la salvación de algunos, sino por la salvación de todo el mundo... Por tanto, paternalmente y con insistencia, recomendamos a los sacerdotes, que de un modo particular constituyen nuestro gozo y nuestra corona en el Señor, que... celebren todos los días la misa digna y devotamente"; Conc. Vat. II, Const. De Sacra Liturgia: AAS 56 (1964), p. 107.
[107] Cf. Jn., 10, 11.
[108] Cf. 2 Cor., 1, 7.
[109] Cf. 2 Cor., 1, 4.
[110] Cf. 1 Cor., 10, 33.
[111] Cf. Jn., 3, 8.
[112] Cf. Jn., 4, 34.
[113] Cf. 1 Jn., 3, 16.
[114] "El apacentar la grey del Señor es una función de amor" S. Agustín, Tract. in Joan., 123, 5: PL 35 (1967).
[115] Cf. Rom. , 12, 2.
[116] Cf. Gal., 2, 12.
[117] Cf. 2 Cor., 7, 4.
[118] Cf. Jn., 4, 34; 5, 30; 6, 38.
[119] Cf. Act., 135, 2.
[120] Cf. Ef., 5, 10.
[121] Act., 20, 22.
[122] Cf. 2 Cor., 12, 15.
[123] Cf. Ef., 4, 11-16.
[124] Cf. Mt., 19, 12.
[125] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 42: AAS 57 91965), pp. 47-49.
[126] Cf. 1 Tim., 3, 2-5; Tit., 1, 6.
[127] Cf. Pío XI, Encícl. Ad catholici sacerdocii, del 20 de diciembre de 1935: AAS 28 (1936), p. 28.
[128] Cf. Mt., 19, 12.
[129] Cf. 1 Cor., 7, 32-34.
[130] Cf. 2 Cor., 11, 2.
[131] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, nn. 42 y 44: AAS 57 (1965), pp. 47-49 y 50-51; Decreto De accommodata renovatione vitae religiosae, n. 12.
[132] Cf. Lc., 20, 35-36; Pío XI, Encícl. Ad catholici sacerdotii, l. c., pp. 24-28; Pío XII, Encícl. Sacra Virginitas, del 25 de marzo de 1954: AAS 46 (1954), pp. 169-172.
[133] Cf. Mt., 19, 11.
[134] Cf. Jn., 17, 14-16.
[135] Cf. 1 Cor., 7, 31.
[136] Conc. Antioch., can. 25, Mansi, 1328; Decretum Gratiani, c. 23, C . 12, q. 1.
[137] Esto se entiende sobre todo de los derechos y costumbres vigentes en las Iglesias orientales.
[138] Conc. Paris., a. 829, can. 15: M. G. H., Sect. III, Concilia, t. 2, pars 6, 622; Conc. Trident., Sess. XXV, De reform., cap. I.
[139] Cf. Ps., 62, 11, Vg., 61.
[140] Cf. 2 Cor., 8, 9.
[141] Cf. Act., 8, 18-25.
[142] Cf. Fil., 4, 12.
[143] Cf. Act., 2, 42-47.
[144] Cf. Lc., 4, 18.
[145] Cf. CIC., can. 125 ss.
[146] Cf. Conc. Vat. II, Decr. De accommodata renovatione vitae religiosae, n. 6; Const. dogm. De Divina Revelatione, n. 21.
[147] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 65: AAS 57 (1965), pp. 64-65.
[148] Pont. Rom. , "De Ordinatione Presbyteri".
[149] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Divina Revelatione, n. 25.
[150] Este curso no es el mismo que el curso pastoral, que ha de celebrarse inmediatamente después de la ordenación, sobre el que habla el Decreto Optatum nobis, sobre la formación sacerdotal, n. 22.
[151] Cf. Conc. Vat. II, Decr. De pastorali Episcoporum munere in Ecclesia, n. 16.
[152] Cf. Mt., 10, 10; 1 Cor., 9, 7; 1 Tim., 5, 18.
[153] Cf. 2 Cor., 8, 14.
[154] Cf. Fil., 4, 14.
[155] Cf. Jn., 3, 16.
[156] Cf. 1 Pedr., 2, 5.
[157] Cf. Ef., 2, 22.
[158] Cf. Pont. Rom. , "De Ordinatione Presbyteri".
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